María
Esperanza Torres
Edad:
46 años
Procedencia:
Montería, Córdoba
“por
allá como en el año 1998 vivía yo con mi esposo Alberto en un vereda cerca al pueblo,
íbamos a tener a nuestro segundo hijo y todo era perfecto. Mi esposo trabajador
desde que lo conocí poseía varios
locales en el pueblo, yo le ayudaba a administrar uno mientras él se encargaba
de los otros, el no solo respondía económicamente por mí y mis hijos, sino también
por su señora madre.
Era
un diciembre del año 2000 cuando la gente y los vecinos comentaban de que posiblemente había unos güerillos rondando
por la zona, que anduviéramos con cuidado y no diéramos tanta lora hasta altas
horas de la noche , pero como en todo pueblo y más en el caso de mi esposo el
cual tenía una de las cantinas mas reconocidas era casi que imposible cerrar
tan temprano porque pues tenía que
llevar la comida a la casa , él me contaba días después que esos güerillos fueron
a la cantina a beber y pasar bueno y
como era de esperarse o por lo menos para mí , no le pagaron lo que consumieron
.
Mi esposo por miedo no les dijo nada, dejo las
cosas así, pero ya las visitas eran más frecuentes hasta que llego el día que
les hizo reclamo -dios mío desde ahí empezó todo- primero me lo golpearon diciéndole
que si se creía el dueño el pueblo, que si no sabía quiénes eran ellos, hasta
llegar al punto de dañarle todo el local, robarle el diario y empezar con las vacunas.
Ya en el 2001 entre agosto y septiembre me lo mataron, y que me toco hacer a mi
pues coger todos los corotos que tenía venderlos,
solo pude vender el local que yo administraba porque con los otros se quedaron ellos, coger el primer bus que saliera de ahí ya que me llegaron con la noticia de que la próxima
seria yo, cogí mis niños y me fui para donde una prima en Cisneros Antioquia,
un viaje muy largo ya que no estaba acostumbrada ni a salir en bus en montería .
Poco
tiempo después de estar en Cisneros y enfrentar un cambio radical en mi vida,
escuchar a mis niños llamando a su papa me partía el alma y pues no me podía quedar
toda la vida viviendo a costillas de mi prima y el trabajo en Cisneros era casi
que solo para varones, entonces decidí dejar a mis hijos con mi prima y probar suerte en Medellín y me fui a rebuscármela,
pero no esa no era la vida que yo quería
llena de afanes, tráfico e inseguridad.
Un día me hice amiga de un señor Don Juan que vendía
ropa y cositas para dama, me ofreció trabajar en Barbosa y Girardota supervisando
los locales que tenía en esos pueblos. Después de varios meses de andar de aquí
para allá me di cuenta que en la alcaldía
de Girardota podría salir beneficiada en el programa de víctimas desplazadas
por la violencia, y pues tiempecito después salí favorecida y me conseguí una
finquita en Girardota para hacer lo que yo sabía, las cosas del campo y seguir
trabajando en el local de don juan , me
traje a mis niños y acá después de todo ese calvario estoy feliz en mi finquita
con mis muchachos y eternamente agradecida con el gobierno y la alcaldía de Girardota
que me dieron una oportunidad después de perderlo casi todo .
No hay comentarios:
Publicar un comentario