viernes, 7 de noviembre de 2014

ENTREVISTA 3

María Esperanza Torres
Edad: 46 años
Procedencia: Montería, Córdoba
“por allá como en el año 1998 vivía yo con mi esposo Alberto en un vereda cerca al pueblo, íbamos a tener a nuestro segundo hijo y todo era perfecto. Mi esposo trabajador desde que lo conocí  poseía varios locales en el pueblo, yo le ayudaba a administrar uno mientras él se encargaba de los otros, el no solo respondía económicamente por mí y mis hijos, sino también por su señora madre.
Era un diciembre del año 2000 cuando la gente y los vecinos comentaban de que  posiblemente había unos güerillos rondando por la zona, que anduviéramos con cuidado y no diéramos tanta lora hasta altas horas de la noche , pero como en todo pueblo y más en el caso de mi esposo el cual tenía una de las cantinas mas reconocidas era casi que imposible cerrar tan temprano  porque pues tenía que llevar la comida a la casa , él me contaba días después que esos güerillos fueron a la cantina a beber y pasar bueno  y como era de esperarse o por lo menos para mí , no le pagaron lo que consumieron .
 Mi esposo por miedo no les dijo nada, dejo las cosas así, pero ya las visitas eran más frecuentes hasta que llego el día que les hizo reclamo -dios mío desde ahí empezó todo- primero me lo golpearon diciéndole que si se creía el dueño el pueblo, que si no sabía quiénes eran ellos, hasta llegar al punto de dañarle todo el local, robarle el diario y empezar con las vacunas. Ya en el 2001 entre agosto y septiembre me lo mataron, y que me toco hacer a mi  pues coger todos los corotos que tenía venderlos, solo pude vender el local que yo administraba porque con los otros se quedaron ellos,  coger el primer bus que saliera de ahí  ya que me llegaron con la noticia de que la próxima seria yo, cogí mis niños y me fui para donde una prima en Cisneros Antioquia, un viaje muy largo ya que no estaba acostumbrada ni a salir en bus en montería .
Poco tiempo después de estar en Cisneros y enfrentar un cambio radical en mi vida, escuchar a mis niños llamando a su papa me partía el alma y pues no me podía quedar toda la vida viviendo a costillas de mi prima y el trabajo en Cisneros era casi que solo para varones, entonces decidí dejar a mis hijos con mi prima  y probar suerte en Medellín y me fui a rebuscármela, pero no esa no era la vida que yo quería  llena de afanes, tráfico  e inseguridad.

 Un día me hice amiga de un señor Don Juan que vendía ropa y cositas para dama, me ofreció trabajar en Barbosa y Girardota supervisando los locales que tenía en esos pueblos. Después de varios meses de andar de aquí para allá  me di cuenta que en la alcaldía de Girardota podría salir beneficiada en el programa de víctimas desplazadas por la violencia, y pues tiempecito después salí favorecida y me conseguí una finquita en Girardota para hacer lo que yo sabía, las cosas del campo y seguir trabajando en el local de don juan  , me traje a mis niños y acá después de todo ese calvario estoy feliz en mi finquita con mis muchachos y eternamente agradecida con el gobierno y la alcaldía de Girardota que me dieron una oportunidad después de perderlo casi todo .

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