viernes, 7 de noviembre de 2014

ENTREVISTA 1

Julio Cesar Gómez Restrepo
Víctima de secuestro y desplazamiento forzado
Edad 68
Procedencia: Caucasia      
Julio Cesar, esposo y padre de tres hijos fue víctima de desplazamiento forzado; en el año 1989 fue sometido a un doloroso secuestro por parte de alias “El paisa”, quien además de privarle su libertad, lo manipula, extorsiona y obliga a abandonar su pueblo natal a cambio de permitirle vivir a él y a su familia.
El viernes 24 de octubre, después de un largo preámbulo, Don Julio accedió a contarnos un poquito de su vida, enfocándonos en su experiencia como desplazado del conflicto armado, o como el mismo nos dijo, en “El capítulo más difícil y desconcertante de toda mi vida”
Julio Cesar Gómez Restrepo nace el 16 de julio de 1946 en Caucasia, pueblo antioqueño donde pasa toda su infancia y adolescencia; “criado a punta de aguapanela y juete” en una familia integrada por su madre, padre y dos hermanos. Y es así como Don julio con sus palabras nos relata su historia:
“Cuando yo tenía, por ahí que, unos 19 o 20 años mi papa me mando pues a trabajar a la finca de Fernando Rojas, el ricachón del pueblo, cierto, y pues yo empecé pues haciendo pendejadas como cortando la caña, y cambiándole la miel a los caballos, y pues poco a poco yo fui pues aprendiendo cositas de la finca, de los animales, me convertí como en la mano derecha de don Fernando y pues yo era el capataz y como una especie de veterinario. Fue pues así como comencé a ganar la plática, y pues me case con Clara, y ahí tuvimos pues a los muchachos, y yo les pude dar lo necesario; gracias a dios nunca nos faltó, pero tampoco nos sobró. Hasta ese punto mi vida iba pues normal, hasta que el 8 de febrero de 2000 por la tarde, eran que, por ahí las 12 del día, llegaron a mi casa unos señores y se nos metieron a la sala, yo ese día estaba solo con mi hijo mayor,-mi esposa estaba en el mercado y mis otros dos hijos en la escuela- y pues le empezaron a apuntar a mi hijo y a mí, entonces llegaron y nos alzaron a la fuerza, y nos hicieron meter a unos matorrales, así como un bosque, por una vereda. Después de caminar como 2 horas esos hijueputas dejaron a Tomas ahí,-Tomas es mi hijo- le dijeron que se defendiera y que se fuera, o me mataban, y pues yo para que no me le hicieran nada, le dije que sí que se fuera tranquilo, que no se preocupara. Como a la media hora llegamos a una chozas ahí en un bosque, era como una selva, y eso estaba llena como de guerrilla; ya era como de nochecita y llego alias el paisa y me dijo que cuando le iba a pagar todo lo que le debía que si no me mataba, entonces me dejaron ahí como mes y medio, me amenazaban con matarme y me trataban como un animal, solo me daban agua y un pan todo tieso lleno de moscos, en ese tiempo solo llegue a hablar dos veces con mi esposa, y ella me dijo que le estaban pidiendo plata y pues que la estaba recogiendo. El último día que estuve allá metido, un guerrillero me dijo que ya me iban a soltar que mi familia ya había pagado, y que ellos me iban a arrimar a un pueblo cercano a Caucasia y que ya me tocaba volver como pudiera, que desde ese punto a ellos les importaba una mierda lo que pasara conmigo. Al otro día después de contarle la historia a un camionero y que me viera en tal mal estado, el me hizo el favor me arrimo a Caucasia, llegue a mi casa y empecé a llorar al ver a mis hijos. Como dos semanas después empecé a trabajar como mula para pagar la deuda del pago de mi secuestro, y la tercera volvieron a mi casa esos guerrilleros y empezaron a apuntarles a toda mi familia, y pues empezaron a coger todas las cosas de mi casa, nos robaron ahí en la cara y nos dijeron que nos teníamos que ir de ahí, que nos fuéramos del pueblo que nos mataban, que ya que nos fuéramos ya, nos tocó coger unas poquitas cosas y salir corriendo porque empezaron hacer tiros al aire, y en ese punto empezamos a ser desplazados y estar de alberge en alberque y en la calle durante cinco meses, después llegamos acá a Girardota y empecé a bultear en un local de cuidos, y nos asociamos al programa de protección y seguridad, y seguimos acá con nuestra vida, nos tocó aguantar hambre y frio, y la impotencia más grande del mundo, pero Dios aprieta pero no ahorca y después de tanto sufrimiento nos trajo acá para reubicarnos y vivir mejor”


Y así, con melancolía y lágrimas en sus ojos don julio nos contó su dura historia, y nos dio sus posibles ideas de porque le paso todo esto a él, sin embargo, no asegura que hoy en día vive mejor, seguro y feliz, pero que nunca va al olvidar aquel duro y traumante episodio.

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