Julio Cesar Gómez Restrepo
Víctima de secuestro y desplazamiento forzado
Edad 68
Procedencia: Caucasia
Julio Cesar, esposo y padre de tres hijos fue víctima de
desplazamiento forzado; en el año 1989 fue sometido a un doloroso secuestro por
parte de alias “El paisa”, quien además de privarle su libertad, lo manipula,
extorsiona y obliga a abandonar su pueblo natal a cambio de permitirle vivir a él
y a su familia.
El viernes 24 de octubre, después de un largo preámbulo,
Don Julio accedió a contarnos un poquito de su vida, enfocándonos en su
experiencia como desplazado del conflicto armado, o como el mismo nos dijo, en
“El capítulo más difícil y desconcertante de toda mi vida”
Julio Cesar Gómez Restrepo nace el 16 de julio de 1946 en
Caucasia, pueblo antioqueño donde pasa toda su infancia y adolescencia; “criado
a punta de aguapanela y juete” en una familia integrada por su madre, padre y
dos hermanos. Y es así como Don julio con sus palabras nos relata su historia:
“Cuando yo tenía, por ahí que, unos 19 o 20 años mi papa
me mando pues a trabajar a la finca de Fernando Rojas, el ricachón del pueblo, cierto,
y pues yo empecé pues haciendo pendejadas como cortando la caña, y cambiándole
la miel a los caballos, y pues poco a poco yo fui pues aprendiendo cositas de
la finca, de los animales, me convertí como en la mano derecha de don Fernando
y pues yo era el capataz y como una especie de veterinario. Fue pues así como
comencé a ganar la plática, y pues me case con Clara, y ahí tuvimos pues a los
muchachos, y yo les pude dar lo necesario; gracias a dios nunca nos faltó, pero
tampoco nos sobró. Hasta ese punto mi vida iba pues normal, hasta que el 8 de febrero
de 2000 por la tarde, eran que, por ahí las 12 del día, llegaron a mi casa unos
señores y se nos metieron a la sala, yo ese día estaba solo con mi hijo mayor,-mi
esposa estaba en el mercado y mis otros dos hijos en la escuela- y pues le
empezaron a apuntar a mi hijo y a mí, entonces llegaron y nos alzaron a la
fuerza, y nos hicieron meter a unos matorrales, así como un bosque, por una
vereda. Después de caminar como 2 horas esos hijueputas dejaron a Tomas
ahí,-Tomas es mi hijo- le dijeron que se defendiera y que se fuera, o me
mataban, y pues yo para que no me le hicieran nada, le dije que sí que se fuera
tranquilo, que no se preocupara. Como a la media hora llegamos a una chozas ahí
en un bosque, era como una selva, y eso estaba llena como de guerrilla; ya era
como de nochecita y llego alias el paisa y me dijo que cuando le iba a pagar
todo lo que le debía que si no me mataba, entonces me dejaron ahí como mes y
medio, me amenazaban con matarme y me trataban como un animal, solo me daban
agua y un pan todo tieso lleno de moscos, en ese tiempo solo llegue a hablar
dos veces con mi esposa, y ella me dijo que le estaban pidiendo plata y pues
que la estaba recogiendo. El último día que estuve allá metido, un guerrillero
me dijo que ya me iban a soltar que mi familia ya había pagado, y que ellos me
iban a arrimar a un pueblo cercano a Caucasia y que ya me tocaba volver como
pudiera, que desde ese punto a ellos les importaba una mierda lo que pasara
conmigo. Al otro día después de contarle la historia a un camionero y que me
viera en tal mal estado, el me hizo el favor me arrimo a Caucasia, llegue a mi
casa y empecé a llorar al ver a mis hijos. Como dos semanas después empecé a
trabajar como mula para pagar la deuda del pago de mi secuestro, y la tercera
volvieron a mi casa esos guerrilleros y empezaron a apuntarles a toda mi familia,
y pues empezaron a coger todas las cosas de mi casa, nos robaron ahí en la cara
y nos dijeron que nos teníamos que ir de ahí, que nos fuéramos del pueblo que
nos mataban, que ya que nos fuéramos ya, nos tocó coger unas poquitas cosas y
salir corriendo porque empezaron hacer tiros al aire, y en ese punto empezamos
a ser desplazados y estar de alberge en alberque y en la calle durante cinco
meses, después llegamos acá a Girardota y empecé a bultear en un local de
cuidos, y nos asociamos al programa de protección y seguridad, y seguimos acá
con nuestra vida, nos tocó aguantar hambre y frio, y la impotencia más grande
del mundo, pero Dios aprieta pero no ahorca y después de tanto sufrimiento nos
trajo acá para reubicarnos y vivir mejor”
Y así, con melancolía y lágrimas en sus ojos don julio
nos contó su dura historia, y nos dio sus posibles ideas de porque le paso todo
esto a él, sin embargo, no asegura que hoy en día vive mejor, seguro y feliz,
pero que nunca va al olvidar aquel duro y traumante episodio.
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